Por la mañana, al levantarnos, subimos la persiana, corremos las cortinas y dejamos entrar la luz. Pero, día tras día, la rutina lo convierte en un acto reflejo. En realidad, nunca miramos a través de la ventana. Podría estar tapiada. Como nuestro futuro.
Las migas de luz en la pared. Intenta comérselas el gato
La ventanas siempre son los marcos de la vida. Cuando miramos desde una ventana, siempre nos queda la sensación de que nadie nos ve- aunque no sea realmente así-.
Si dejamos la distancia necesaria entre la ventana y nuestra mirada, es posible que nunca seamos descubiertos. Y si además, nuestros ojos disponen de una óptica Leica 1:2.8-5.0/5.8-17.4 ASPH, éste es el resultado.
Lo más prosaico se convierte en poesía si se mira a través de una ventana -y cuando nadie nos ve. Las formas se despersonalizan y se convierten en esculturas para quien las quiera ver.